22 junio 2007

Sangre como la mía


En casos como este, es difícil no hacer una crítica del tipo socio-cultural. Pues su trama, si no de forma explícita, implica una crítica a la reglas y puntos de referencia por los que se rige la sociedad. Jorge Marchant Lazcano ganó el Premio Altazor por esta novela que, formalmente, es correcta. Con una prosa bien cuidada, y limpia. Sin disgreciones voluntariosas. Y en cierto sentido pop (en la medida en que lo era la literatura de Manuel Puig) Ha sabido manejar los puntos de vista. No ha dejado cabos sueltos. Ha sabido construir los personajes, y por tanto sus historias.

Avanza a 3 voces. Marchant Lazcano ha elegido paisajes históricos, pues la novela transcurre de 1950 al 2001, entre Santiago y Nueva York. Y los protagonistas, sólo entrecruzados por los desaciertos de Arturo Juliani, empresario cinematográfico de gran éxito, y quien desde la sombra toma cuerpo en la memoria de los narradores. Todos, en mayor o menor medida, atravesados por la culpa, los secretos, los resentimientos, pues estos se prolongan de generación en generación. Personas, amigos, familiares, padres e hijos terminan siendo unos completos desconocidos. Están casi a la deriva. Lo que se corresponde con su situación de constante extranjería. Generaciones que han erigido como íconos a James Dean, Montgomery Clift y Rock Hudson, y quienes se transforman en símbolo de una generación marcada por la tragedia. Las referencias cinematográficas funcionan como paisajes, y muchas veces como subtrama sicológica, ya que ayudan a entender el estado emocional de los personajes.

Tres generaciones de homosexuales, más que por su época, marcados por los problemas familiares que se van deshilvanando a lo largo de la novela. En cierto sentido, destinados a la soledad, y que ceden por tanto a los puntos de vistas propios de la moral judeo-cristiana. Es que pareciera que su condición es producto de su propia imposibilidad de romper los cánones sociales por los que se rige occidente. Y así es como terminan por jugar en las sombras de unas reglas que ellos mismos han terminado por aceptar.

No tanto por una enfermedad como el SIDA, o por las persecuciones, como por las intrigas, “Sangre como la mía” es una novela sobre una historia familiar. Marchant Lazcano, al parecer, tomó nota de los errores de su anterior trabajo, “La joven de blanco”, novela que también transcurre en un paisaje histórico, como lo es el Valparaíso del siglo XIX; aunque, en esta ocasión, sin perder el pulso narrativo.