
Pocas veces el primer libro de un autor anuncia la aparición de una voz diferenciada. Por lo general, esto sucede en el segundo o tercer intento. Problema de madurez, probablemente. Por eso, el primer libro de Gonzalo Millán es la excepción que confirma la regla. En “Relación personal” (1968) hay una frescura al momento de plantear los temas. Si bien son los mismos, de hecho, son pocos los temas en la literatura, pero un buen poeta se define por la forma de plantearlos.
Reeditado por la Editorial Diego Portales, este libro, escrito entre 1965 y 1967, sorprende, no sólo por los escasos 20 años de Millán, sino por la influencia que ejerció en el panorama de la poesía chilena. En esta, su edición definitiva se incorporan poemas que el autor agregó en las versiones posteriores del libro, además de un apéndice con tres textos de la misma época que sólo fueron publicados en revistas. El resultado es tremendo, una cincuentena de poemas caracterizados por la originalidad de las imágenes
La historia de la poesía, es la historia de un juego de palabras que (se) crea nuevas formas de retórica. Si bien, inmanente a su naturaleza, también es su debilidad, pues, muchas veces, termina por fracturar su lenguaje respecto de su referente. Y de ahí surge la importancia en la forma de desarrollar el tema. En la obra de Millán, por ejemplo, las irregularidades disonantes de los versos dan cuenta del compromiso con la naturalidad oral de su poesía, y no esa especie de retórica de la naturalidad en la que el verso se acomoda sílaba por sílaba y que – por cierto - tiende a caer en una retórica del discurso. Por eso, Millán prescinde de los símiles. Todo esto contribuye a la frescura, no sólo de su lenguaje, sino que (en la construcción) de la metáfora misma: “Escucho ahora como rondas mi casa / y golpeas las aldabas, / cubierto el vestido de lana / con trozos de cortezas / y gotas de lluvia. / No es necesario que entres. / Los símbolos del verano muerto / están a tu lado: / hay una pluma de pájaro / sobre la yema de un huevo / y la cabeza de un girasol, / ahora seca, / está clavada en su tallo.”
Por otra parte, los títulos funcionan como anclas, pues se corresponden como explicativos, por ejemplo: “Historieta sobre un gato y un pájaro del agua”, (casi) verso que titula este poema, “Repetido por los vidrios y el agua, / dorado, me pavoneé ante ti, inocentísimo, / y mis castañas alas de mojadas plumas / agité envuelto en mi larga y doble cola / de velos y abanicos, saqué espuma”. Sin duda, en la realidad aflora en el momento. Pero es una poesía evidentemente visual, de hecho, el momento no surge como fluidez del tiempo sino como imagen de si mismo: “Sentado en escalonadas y repletas galerías, / diviso entre la arena del embudo / la pinta pálida y perdida de tu rostro. / En el fondo los huecos oradores juveniles / repiten sólo viejas consignas, / y tú eres el único entre los opacos granos / que me dicen algo de su caída”. Por eso se entiende un libro como “Claroscuro” en la carrera de Millán.
Su poesía, es lírica – no comete los errores tan recurrentes de esta – pero lírica al fin y al cabo. Por eso, el tema del libro es la toma de conciencia. La inocencia, el paso del tiempo (consecuencia y causa) Pues, “Relación personal” abre con la imagen del sadismo. La pregunta que se plantea es tremenda, así como antigua; si acaso el acto de descubrir el mundo se inicia con la corrupción de la inocencia, o peor, si el sadismo es producto de la misma: “Sentado bajo la curva del mediodía / refriego un insecto entre los dedos, / pero se me escapa de pronto / la sonrisa de la boca / al ver volar desde mis manos / desnudas hacia el polvo / las patas y las alas / arrancadas por mis uñas”.
Reeditado por la Editorial Diego Portales, este libro, escrito entre 1965 y 1967, sorprende, no sólo por los escasos 20 años de Millán, sino por la influencia que ejerció en el panorama de la poesía chilena. En esta, su edición definitiva se incorporan poemas que el autor agregó en las versiones posteriores del libro, además de un apéndice con tres textos de la misma época que sólo fueron publicados en revistas. El resultado es tremendo, una cincuentena de poemas caracterizados por la originalidad de las imágenes
La historia de la poesía, es la historia de un juego de palabras que (se) crea nuevas formas de retórica. Si bien, inmanente a su naturaleza, también es su debilidad, pues, muchas veces, termina por fracturar su lenguaje respecto de su referente. Y de ahí surge la importancia en la forma de desarrollar el tema. En la obra de Millán, por ejemplo, las irregularidades disonantes de los versos dan cuenta del compromiso con la naturalidad oral de su poesía, y no esa especie de retórica de la naturalidad en la que el verso se acomoda sílaba por sílaba y que – por cierto - tiende a caer en una retórica del discurso. Por eso, Millán prescinde de los símiles. Todo esto contribuye a la frescura, no sólo de su lenguaje, sino que (en la construcción) de la metáfora misma: “Escucho ahora como rondas mi casa / y golpeas las aldabas, / cubierto el vestido de lana / con trozos de cortezas / y gotas de lluvia. / No es necesario que entres. / Los símbolos del verano muerto / están a tu lado: / hay una pluma de pájaro / sobre la yema de un huevo / y la cabeza de un girasol, / ahora seca, / está clavada en su tallo.”
Por otra parte, los títulos funcionan como anclas, pues se corresponden como explicativos, por ejemplo: “Historieta sobre un gato y un pájaro del agua”, (casi) verso que titula este poema, “Repetido por los vidrios y el agua, / dorado, me pavoneé ante ti, inocentísimo, / y mis castañas alas de mojadas plumas / agité envuelto en mi larga y doble cola / de velos y abanicos, saqué espuma”. Sin duda, en la realidad aflora en el momento. Pero es una poesía evidentemente visual, de hecho, el momento no surge como fluidez del tiempo sino como imagen de si mismo: “Sentado en escalonadas y repletas galerías, / diviso entre la arena del embudo / la pinta pálida y perdida de tu rostro. / En el fondo los huecos oradores juveniles / repiten sólo viejas consignas, / y tú eres el único entre los opacos granos / que me dicen algo de su caída”. Por eso se entiende un libro como “Claroscuro” en la carrera de Millán.
Su poesía, es lírica – no comete los errores tan recurrentes de esta – pero lírica al fin y al cabo. Por eso, el tema del libro es la toma de conciencia. La inocencia, el paso del tiempo (consecuencia y causa) Pues, “Relación personal” abre con la imagen del sadismo. La pregunta que se plantea es tremenda, así como antigua; si acaso el acto de descubrir el mundo se inicia con la corrupción de la inocencia, o peor, si el sadismo es producto de la misma: “Sentado bajo la curva del mediodía / refriego un insecto entre los dedos, / pero se me escapa de pronto / la sonrisa de la boca / al ver volar desde mis manos / desnudas hacia el polvo / las patas y las alas / arrancadas por mis uñas”.
Gonzalo+Millan
Poesía
Relación+Personal


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